Sobre la palabra y la curación

Iniciamos curso y también etapa en el blog. Alejandro Gándara rompe el hielo este año.

Nuestras fuentes intelectuales y espirituales nos dicen que el nivel profundo de curación sólo se adquiere penetrando en la oscuridad, es decir, desafiando la vida. Este desafío, este viaje al Hades, es, en nuestra tradición un viaje por las palabras.

El poema de Parménides, inaugural, es un poema que ya en sí nos conduce al Hades, como conduce al kouros, al iniciado. Platón en la Carta VII nos aclara qué palabras son esas: van y vienen, buscan sin encontrar, pasan del nombre a la definición, de la definición a la imagen, y regresan para empezar de nuevo. Al final, parece que llegan a tocar con la punta de los dedos la cosa en sí, el objeto de pensamiento y el ser mismo del pensamiento.

Viajar hasta ese fondo puede hacerse quizá, y en otras culturas, de otra manera. Pero en la nuestra se hace con palabras. Nuestra meditación profunda la hacemos con palabras.

Hablábamos de curación.

¿No sabes, Prometeo –pregunta Océano al héroe encadenado de Esquilo– que para un temple enfermo los únicos médicos son las palabras?

El alma griega utiliza dos vías para purificar la mente y el cuerpo: la tragedia y la mayéutica.

La tragedia pone en escena las imágenes arquetípicas engendradas por las palabras y representan la lucha incierta pero constante entre el orden del cosmos, con sus dioses como fuerzas naturales, y el orden civil, pacto entre humanos. He aquí el origen de todo conflicto: la insuficiencia del orden que nos damos a nosotros mismos, nuestra resistencia a lo que es más fuerte que nosotros y que origina el trastorno del carácter, la ruina del ethos.

La visión de esas figuras y del conflicto pertinente en la escena es de por sí curativa. No se necesita más que la representación viva del conflicto para que el conflicto y sus patologías se alivien.

En la mayéutica ( “dar a luz”) socrática -que es una poiesis, una creación- se busca la verdad o la belleza a través del diálogo, pero nunca se alcanzan, la conclusión se demora, el camino se interrumpe. ¿Por qué? Porque el efecto curativo, la katharsis, no proviene de una revelación extraordinaria del conocimiento, sino de la caída del velo de la falsedad. Es la caída de ese velo lo verdaderamente curativo.

La poesía, a lo largo del tiempo, conservó ese anhelo: proyectar imágenes y desvelar la falsedad. Eso es Dante, eso es Shakespeare.

chiharu_shiota

Tras el decaimiento cartesiano e ilustrado del alma poética, nos encontramos de pronto con la psicoterapia verbal moderna. Sus dos grandes señeros, Freud y Jung, beben de la fuente original.

Freud viaja al fondo de la noche subconsciente, abandona la realidad ilusoria de la superficie (como Parménides) y confía en que el descubrimiento y puesta en escena del verdadero conflicto suponga la curación del paciente (como los trágicos).

Jung lo hace de otro modo, pero no es distinto. Puebla el mundo de imágenes y de contradictorias fuerzas arquetípicas (como los trágicos) y desciende después al alma individual (como Parménides) para encontrar junto a los enigmas del alma la armonía del ser humano con el mundo, es decir, la curación.

No es raro que por esas mismas fechas se produzca un resurgir de la poesía, al fin y al cabo, herederos directos de la fuente de la que se apropiaron “científicamente” Freud y Jung, en un mundo anémico de espíritu. Por eso hay que observar tan meticulosamente a Rilke y a Eliot. Y también a Kafka y a Joyce.

La poesía traía de nuevo la palabra oscura, difícil, y asentaba en la mente imágenes desconocidas, imágenes intratables desde el punto de vista del discurso literal. Y, como en la mayéutica socrática, aspiraba a que el velo de la falsedad cayera, transformando la mirada sobre el mundo. Se trataba de mirar hacia otro lado y otros lados, sólo eso, y sólo eso, como en la función trágica, produciría la purificación de los sentimientos.

En esta Escuela nosotros conocemos el misterio que hay en todo ello. Lo que nos une es la sophrosyné, el dominio y la armonía que en lo hondo de nosotros produce mirar hacia lugares desconocidos o ignorados por la tiranía de la vida cotidiana.

Es la base práctica de nuestra investigación de la curación. Y la poesía, en tanto que acto poético, más que en su forma acabada de poema, es decisiva. ¿Cuáles son esos lugares? ¿Por qué los poetas miran hacia ellos?

Por efecto de una civilización desarraigada, que ha hecho del progreso material su principal justificación para el despliegue de un poder descontrolado en cualquier territorio, nos sentimos colonizados y divididos por instancias que antes se daban juntas: la racional, la emocional-sentimental y la espiritual. El daño ha consistido en separarlas e intentar consumarlas por separado. Incluso la neurofisiología se ha rendido a la evidencia de que la mente es un todo y de que en las más mínimas decisiones cotidianas interviene como conjunto.

En un mundo ecléctico como el nuestro las opciones disponibles siempre son extremas: la búsqueda espiritual se convierte en misticismo literal, la racionalidad del cálculo aspira a todo y no consigue nada.

Necesitamos poder mirar hacia otros lados, simplemente, sin buscar una verdad por naturaleza fugitiva, para que nuestra cabeza se pueble de imágenes, para viajar a la noche y regresar a la superficie de la luz, para que caiga suavemente el velo de la falsedad, sin aspavientos. Para curarnos, en suma.

Sólo necesitamos disposición. Y creación.

PD: La imagen es la instalación de Chiharu Shiota en la última Bienal de Venecia. Otra forma de poesía.

Deja una respuesta