Las palabras en el consuelo

María Sendagorta es la Presidenta de la Fundación para las Artes, la Creación Literaria y los Sentidos, dentro de la cual se sitúa la ECH. Hablamos con ella sobre si las palabras pueden o no consolarnos ante la muerte, en el momento mismo de la muerte. María comparte su experiencia acompañando la despedida de una mujer con la que no tenía una relación íntima o personal: la madre de la novia de uno de sus hijos. Esta conversación forma parte del trabajo de investigación “Los lugares de las palabras”, dirigido por Alejandro Gándara.

Uno de mis hijos me ha dado más preocupaciones que los demás. Tiene como un imán especial para los problemas, y lo que voy a contar pasó hace cuatro años, cuando él tenía una novia cuya madre tenía un cáncer desde hacía tiempo y estaba muy mal.
Un día me dijo que la madre de su novia quería hablar conmigo. Me pareció aterrador. Uno de esos problemas en el que me metía mi hijo, y sentía miedo y vergüenza. No quería ir bajo ningún concepto y no me cabía en la cabeza qué puede decir una persona moribunda a otra que no conoce de nada.
Fui hacia su casa, que estaba en la Plaza de 2 de Mayo, y cuando toqué el timbre solo podía pensar en volver a la mía en cuanto antes. Entré y estaba en una silla de ruedas. No pesaría más de 30 kilos y a su lado estaba su hermana. Me senté frente a ella y empezamos a hablar de lo bonita que era la casa, la luz que entraba por el ventanal, de los vecinos, que eran todos de la familia de su marido… En un momento dado me preguntan si quiero algo y pido un vaso de agua. Cuando la hermana se marchó a por el vaso de agua, la madre de la novia de mi hijo me cogió una mano. La tenía helada. Le cogí la mano con las dos mías y seguimos hablando del tráfico de Madrid, de que el Ayuntamiento había prohibido las fiestas de la Plaza del 2 de Mayo, etc.

Ya estaba muy tranquila en ese momento y me sentía muy cómoda. Me di cuenta que nos mirábamos y estábamos cogidas de la mano, y había otra conversación sin palabras.

En esa conversación sin palabras, mientras seguíamos hablando de bobadas, ella me dijo que estaba bien, que lo que le estaba pasando no era tan importante. Fue como un consuelo para mí. Cada vez me sentía mejor, desde luego no pensé que había ningun sitio donde pudiera estar mejor que allí en ese momento. Me sentía bien y me fue quitando todo el miedo que tenía, no solo a la visita, sino en general, incluso el dolor que puede tener una vida entera, la suya y la mía. Para mí fue una conversación de consuelo de ella hacia mí. Era como una caricia a mi alma mientras yo le acariciaba la mano.

Finalmente vino la hermana con el vaso de agua y seguimos hablando de tonterías las tres. Entonces, ella me dijo: He pedido que vinieras porque quería decirte que tu hijo ha sido un regalo maravilloso para mí, ha sido un ángel para esta familia y todo ha sido mucho más fácil gracias a él. Te lo quería decir para que estés orgullosa de él y de ti, porque eres su madre.

Murió a los dos días. Me acuerdo mucho de ella y la noto cerca.

1 Respuesta

  1. Brigida Sendagorta

    Me ha gustado mucho ésta reflexión que has hecho sobre el acompañamiento en el duelo a una persona que está preparando su marcha de éste mundo.
    En principio , nos produce terror por nosotros mismos , que nos revuelve por dentro y por la otra persona que, no sabemos cómo está.. Si lo niega, lo acepta, se resigna…
    La acepatación nos produce mucha paz, la despedida es de acompañamiento y deseo de buen viaje.
    El que todos tenemos que hacer pero dónde la actitud, el cómo y cuando estan variable..
    Me ha gustado mucho la despedida y el sentido de agradecimiento a tu hijo.
    Qué a gusto se habrá quedado ella y tu…