El amor I. La atención apasionada

Iniciamos serie sobre el amor. Hoy escribe Laura Moran, estudiante del seminario Palabra e imaginación II.

El conocimiento expansivo, que como el dolor, el amor y la muerte no tiene centro, que no es tuyo sino de todos, de la comunidad que te arropa y comparte tu experiencia, que es experiencia en cuanto que te transforma, que te transforma porque crea un mundo que, al igual que el del pensamiento, no existía antes de ese saber y que surge de la clausura de una historia, una vida, un pasado resuelto; nunca se podrá hablar de amor, de amor cierto, si en realidad es una huida, un parche a un problema irresoluto.

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El amor como el conocimiento, parte de la transferencia, y ésta se transmite por los afectos: deseo, angustia, alegría, tristeza… El mundo sensible y contradictorio propio del pensamiento salvaje, no admitido en el científico, surge de la curiosidad estética, así en el amor, la obsesión y la observación es la atención apasionada que te lleva al detectar y al saber. A mirar.

Y esas “pruebas” de que algo que supera nuestra imaginación y nuestro control del medio existe, es el hecho de poder separar mente y cuerpo o fusionar mente y cuerpo de manera que distinguir dónde está cada uno queda fuera de un entendimiento cartesiano, o civilizado europeo donde lo impensable no tiene lugar.

La experiencia del amor, dolor o muerte son experiencias del conocimiento que poseen rasgos comunes, el hecho de carecer de palabras, lingüística propia, la entrada en un mundo atemporal que comienza con la clausura del pasado, el otro o los otros como objetos de una atención apasionada, la hiperestesia de los sentidos.

Cuando las palabras borran, relajan, expanden y abren, porque el dolor no es tuyo, es de todos.

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