Comienza un nuevo curso en la escuela ECH

En unos días entraremos en el nuevo curso y en esa dinámica meditativa que supone la principal energía que suministra la ECH a los que participan en sus seminarios y actividades. Digo meditativa, porque en el fondo el conocimiento es una meditación, no una búsqueda de objetivos o una consecución de logros objetivos y visibles. Como tal meditación –hecha de palabras, de silencios, de reposo y de acción-, el resultado suele ser una cierta armonía entre los diferentes planos de la mente: el racional-emocional, el sentimental y el espiritual. Cuando funcionan al unísono, cuando están activos o cuando simplemente hay comunicación entre ellos se produce un estado que no es de felicidad, ni siquiera de agrado o de contento, sino de aceptación, de comprensión de nuestra naturaleza y del mundo que nos ha tocado en suerte.

Decían los clásicos que hay que vivir conforme a Naturaleza, porque viviendo en esta conformidad, la pérdida, la muerte y los peligros se sobrellevaban sin espanto y sin ira. Pero para eso hay que saber en qué consiste la Naturaleza o, por lo menos, no perder de vista sus principales evidencias, que conducen la mayoría a un enfrentamiento con cosas que son más fuertes que nosotros.

Más que ignorantes, somos olvidadizos y, en los casos extremos, temerariamente imprudentes. El conocimiento, a través de sus facultades, es sobre todo una forma de consciencia, un repertorio de presencias de las que no sólo tenemos noticia, sino que nos atraviesan. Nos atraviesan, pero se quedan dentro. Una vez dentro, siguen respirando y la meditación las envuelve.

Resulta difícil pensar que se pueda vivir sin ello, en una especie de inconsciencia de lo que somos y, como consecuencia, de sobresalto en sobresalto. Y que se pueda estar con los otros y consigo mismo viviendo de fantasías o de carencias.

En todo caso, aquí está la ECH para volver sobre la conciencia y sobre las cosas en este nuevo curso que se inicia y al que doy a todos la bienvenida.

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