Carta de Navidad de Alejandro Gándara, director académico de la ECH

Voy a felicitaros la Navidad el Año Nuevo o lo que haga falta con una reflexión sobre lo que hacemos. Creo que ha sido la única (reflexión) que me ha sobrevenido este año, por lo cual espero que le concedáis el valor que merece.

Cuando me preguntan, yo suelo decir que el único conocimiento que me interesa es el que no sirve para nada. Pero en un sentido que conviene aclarar. En primer lugar, el hecho de buscarle una utilidad impone ya una distancia con el acto de conocer, el cual implica un despojamiento, una libertad, una atención y una capacidad de escucha que no pueden ser obstaculizados o sepultados por una idea previa.

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En segundo lugar, la utilidad es con respecto a algo, a algo preciso y particular que, al buscarlo, se impone también sobre el objeto mismo de conocimiento (que sirva para mi trabajo o para mi progreso personal: es mi trabajo o mi progreso lo que juzga lo que estoy escuchando o aprendiendo).

En tercer lugar, aunque todo es un poco lo mismo, impone límites, con lo cual aquello que queda fuera de los márgenes de mi interés pasa desapercibido o es conscientemente desechado.

En resumen, lo que sirve, sirve a algo, y así el conocimiento se convierte en una servidumbre, una disciplina, un vasallaje, y aprendemos obediencia. Ése es el principio o la condición contra la que nosotros luchamos: contra que el aprendizaje sea en primer lugar obediencia. Y ya sabemos todos contra quién estamos en primer lugar.

El conocimiento debe plantearse como una dirección y luego como un camino. Me explico.

El objeto primordial del deseo de saber no puede ser otro que la propia vida. Si es otra cosa, lo llamamos peritaje o técnica o destreza o habilidad. Pero la vida es amplia y lo que nos orienta son los conflictos. Los conflictos son la estructura de la vida (Aristóteles), aunque no la vida toda. De hecho los conflictos, por particulares que sean, se agrupan en un puñado (con distintas variantes): afectos, construcción del carácter, aceptación de límites (el de la misma vida, por ejemplo), búsqueda de la felicidad y poco más. Sin embargo, el saber que exigen es universal. Si no vas en busca de saberlo todo, nunca vas a saber nada de nada. Si no quieres saber el Todo o el Conjunto (que diría Marco Aurelio), no sabrás nada del algo.

Y qué es ese todo. Ese todo consiste en las relaciones que mantienen las cosas que perduran con las cosas que no perduran. De ninguna otra cosa puede haber ciencia. Si miramos al cielo o nos conmueven las estaciones es porque les concedemos una cierta temporalidad, y nos medimos con ello desde nuestra propia conciencia temporal. Dicho de otro modo, nos preocupa la eternidad y, en consecuencia, la mortalidad.

Y ésa es la dirección: qué relaciones mantienen lo mortal y lo inmortal.

Ahora viene el camino: el camino es saber que eso no lo vas a descubrir nunca. Mientras echas a andar hacia ello. Siempre estás en camino o, como diría Confucio, en el camino.

Porque mientras caminas hacia ello todas las cosas van ocupando su lugar: el amor y el desamor, las victorias y los fracasos, la pérdida y la reparación y toda la ristra que ya contaba el Eclesiastés explicando que cada cosa tiene su tiempo, o sea, su lugar. Concedes un valor exacto a cada una de esas cosas y es a eso a lo que llamamos sabiduría. Y no llamamos sabiduría a conocer la Verdad y mucho menos a saber de esto o de aquello. Porque la Verdad es lo que por suerte se nos escapa. Una verdad rotunda y universal mantiene una gran semejanza con la muerte. Si ya sabes, no hay nada que hacer, nada que pensar, nada que amar, pues todas estas cosas, como bien se sabe, son ellas mismas camino. Y si no, son muerte: en la muerte no hay nada que hacer, nada que pensar y nada que amar, porque se nos ha concedido la plenitud completa, la nada.

3 Respuestas

  1. Laura

    Justo hoy, ahora, en mi camino ha aparecido este texto. Y como ha sido así, y ha llamado mi atención más que cualquier otro. Eso lo hace importante para mi en este momento.
    Gracias. Mil gracias.

  2. Carolina

    Y no sería mejor no nacer?
    O no se te puede conceder la plenitud de la nada si nunca has sido nada?

    Vale, sí…estas reflexiones sólo las podemos hacer porque ya somos…Y toda esta búsqueda, conflicto, camino…para llegar otra vez a la nada?

    Luchar contra los límites y el vasallaje para nada?

    Dudas que también me acercan cada vez más sólo a los conocimientos, experiencias y afectos que no sirven para nada (basados en el placer y esfuerzo de adquirirlos o experimentarlos)..

    Y más conflictos que me ha abierto tu carta (así que menos mal que ha sido tu única reflexión del año ;-)), o bueno, más estructura vital sobre la que se sostendrá la muerte (la nada de nada?)

  3. bajolaluna

    Gracias por esta felicitación, aunque ya pasadas las navidades la he leído por casualidad y me ha conmovido de principio a fin. Creo que tienes mucha razón en todo, no había leído un acercamiento al camino igual. Leo tus entradas de vez en cuando pero pocas veces encuentro el tono y la sinceridad que he leído en estas palabras. Un saludo.

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