Una escritora entrevista a otra: las alumnas de la ECH en la casa de Mercedes Cebrián

En la ECH decimos que la creación literaria y la escritura no representan una habilidad más en la educación de los jóvenes: son la manera en que se vuelven capaces de contar el relato de su vida; la manera en que aprenden a escuchar el relato de los otros y, sencillamente, a escuchar; la manera en que aprenden que hay otras cosas en otras partes y que su mundo no se acaba en el conocido. Para salir a buscar esas otras cosas lejos de los mundos propios y para aprender de los que saben enseñar, un grupo de alumnas del programa Jóvenes Maestros llegó a la casa de la escritora Mercedes Cebrián para entrevistarla. Era muy temprano, era sábado, hacía frío, sueño, eran diez alumnas y una profesora. Tocaron el timbre. Mercedes Cebrián abrió la puerta y se ocupó de que cada una tuviera su silla y sus respuestas. El resultado fueron varias entrevistas de gran calidad. Publicamos "La trayectoria a seguir", de Mariví Cervi.

La trayectoria a seguir

Mercedes Cebrián, la escritora de La nueva taxidermia, entre otros libros, me estaba esperando en su casa de Tirso de Molina, Madrid, cuando fui a visitarla con la grabadora y una infinidad de preguntas sobre literatura. Ahora lo pienso y creo que hice la entrevista más por mí que por ella, como una forma de resolver mis propias dudas.

Ella me recibió con sencillez y me invitó a pasar. Por los tragaluces entraba esa luz pálida que tienen las mañanas de invierno. Siempre he creído que los lugares bien iluminados dan a una la bienvenida. No tienen nada que ocultar. El piso no era muy grande, de qué sirve ser ostentoso. Me senté en el sofá mientras miraba a mi alrededor. Es curioso cómo los objetos que se muestran en el salón definen a alguien. No son tan personales como los que se guardan en el dormitorio, claro. Pero conforman una parte de ti que estás dispuesto a mostrar a todo el que recibes.

Las estanterías estaban repletas de libros. Eran tantos que resultaba imposible contarlos, pero los tenía perfectamente ordenados. Incluso puede que supiera donde estaba cada uno. En la mesa había más libros, abiertos, algunos en inglés. Un portátil y una taza de té humeante. Cuando trabajas en el lugar en que vives no puedes rodearte de distracciones. Al menos, si tienes suerte y tu trabajo te gusta, las paredes no se te echarán encima.

Mercedes se sentó junto al portátil. Tenía la taza en las manos. Ni siquiera se despegó de ellos para que hablásemos. Me contó algo que me sorprendió. Debería haber más libros de los que tenía pero había tenido que deshacerse de ellos. Cuando eres escritora y colaboras con editoriales, te llegan muchos libros a las manos, más de los que puedes leer o guardar, y tuvo que prescindir de los que menos le interesaban. Mercedes me habló mucho del pasado. Es algo importante cuando escribes. Dijo que el pasado hace a las historias genuinas. “Todos tenemos obsesiones y manías que debemos explorar. A veces desaparecen pero nunca sabes cuando pueden volver”. También es para ella una manera de mejorar, subir escalones. “Creo que la escritura te sirve para aprender de tu propia trayectoria”, concluyó.


Le pedí si me podía hablar de sus miedos. Ser escritor es un constante vaivén, una eterna duda, y quería saber qué sentía ella al respecto. Sus temores eran bastante comunes a muchos otros escritores: paralizarse en una novela, repetirse, el futuro de la industria literaria... “¿Pero acaso importa realmente? Hay que olvidar eso para poder seguir”.Por último le pregunté una de las cosas que más me interesaban; cómo había llegado a ser escritora. Mercedes no estaba muy segura de cómo responder. Ella sólo se había convencido de serlo cuando le empezaron a conceder premios, que venía por el reconocimiento ajeno. Ha pasado ya mucho tiempo desde ese momento pero Mercedes sigue rompiendo e innovando en cada libro. “Es lo que sé hacer. A estas alturas, no me plantearía hacer algo distinto”. Antes tocaba el clave, pero lo tuvo que dejar y venderlo. No le quedaba mucho tiempo para poder dedicarse a ello. “Además, no podía pasarme todo el día tecleando. Con el ordenador ya tengo suficiente”.

Cuando sacié mi curiosidad, paseamos por la casa. Incluso entre los montones de papeles que había en la mesa pude encontrar cierto orden. Todo tenía su lugar, su función. Me marché de allí con una sensación agradable, incluso mis pensamientos parecían menos caóticos. He reflexionado mucho sobre aquella mañana. Quizá, en el fondo la literatura sea lo que hace Mercedes; agarrar muy fuerte lo imprescindible y deshacerse de todo lo demás.


Por Mariví Cervi

Fotografías: (arriba) La muñeca "Mercedes Cebrián" y la biblioteca de su casa, por Elena Brihuega.

(Abajo) Portada del libro "La nueva taxidermia" (Mondadori, 2011)

 

 

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