El seminario de mundo griego propone un seguimiento del 15-M. Para ello se ha elaborado un documento básico y se convoca a todos los que forman parte de esta Escuela a un debate este martes 31 de mayo a las 20.30, en la ECH.
Se trata de discutir el siguiente documento, aprobarlo y darle salida por los cauces que se crean apropiados. También puede discutirse la posibilidad de crear un pequeño comité que se mantenga en contacto con otros grupos del 15-M para explicar la posición adoptada por la ECH.
Tras el M-15, algunas cuestiones para estimular un debate
En este momento de la sociedad y de la forma política, la transformación de la realidad pasa -más que por cambios en la ley o por conquista de derechos y reivindicaciones- por restablecer el vínculo entre el individuo y la comunidad (en fase de extinción) a través de espacios para el debate, la información y el conocimiento.
Deberíamos querer aprender, no demostrar lo que ya sabemos.
Nuestra civilización se ha fundado en la ruptura entre ética y política (1), y ambas han ocupado los espacios impermeables de la vida privada y de la vida pública, privando a ésta de una crítica moral y atomizando y aislando aquélla, que se ve a sí misma desresponsabilizada de cualquier asunto común. La ética no tiene sentido alguno sin la política y viceversa.
Entre las consecuencias de este estado de cosas se halla que la idea de que progreso material y de progreso moral no mantengan en nuestra sociedad diálogo de ninguna especie.
No debemos confundir la política con el ejercicio del poder. La política es la forma de vida que una comunidad (polis) se da a sí misma. En consecuencia, es esto lo que está en discusión y lo que debe discutirse.
La política actual, mal definida, exige la persecución de objetivos concretos y a corto plazo, pervirtiendo la temporalidad que exigen los cambios en esta escala. No debería propagarse esta perversión en los nuevos movimientos.
Vivimos en el mito ideológico de la transparencia y de la comunicación, y nos parece que la acción exitosa, tanto en la práctica como en la teoría, lo es cuando responde a ese mito.
La debilidad y el miedo nos inclinan a menudo a adoptar el lenguaje de nuestros antagonistas. La acción o el pensamiento inconclusos nos convencen sistemáticamente de nuestra impotencia, cuando estamos en realidad ante la única fuerza capaz de cambiar las cosas: la capacidad de resistir en tierra de nadie, en el proceso mismo de reflexión permanente.
El lugar de cualquier acción política exigiría la combinación de la praxis con la poiesis (creación de un lenguaje propio).
Sin un nuevo lenguaje, es decir, sin una nueva concepción del pensamiento y de la acción políticos, todo permanece inalterable, independientemente de la virulencia de las convulsiones. Por ello, no debemos recurrir a modelos de movimientos antiguos, ni asumir los sistemas de otros.
El derecho básico no es libertad, ni igualdad, ni solidaridad o fraternidad, sino justicia: aquel que reclama que cualquiera pueda hacer lo que mejor sabe hacer y ser reconocido por ello, alcanzando su felicidad y la armonía con los otros. Es la justicia la que implica libertad, igualdad y solidaridad o fraternidad, porque es la que garantiza que todos tengamos las mismas oportunidades para cumplir aquello que nos es propio.
(1) La unión entre ética y política, implica una ética asumida por la clase política que impida la corrupción.
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